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En la última década la innovación se ha convertido en la peor amenaza
para las empresas, pero también su más grande oportunidad.
Amenaza, porque no hay industria que esté segura de no volverse obsoleta
por innovaciones hechas por competidores -no solo de su misma industria,
sino también de industrias no relacionadas; oportunidad porque -una vez
realizada la innovación- la globalización le ayudará a explotar su esfuerzo
haciéndolo altamente rentable.
Michael Porter señalaba que “la competitividad de un país depende de la
capacidad de sus industrias para innovar y mejorar continuamente”[1].
Este sencillo principio que rige para cada país, es también válido para
las empresas.
La innovación y la mejora continua son vitales para las empresas ya que
compiten en un entorno global y sus márgenes se ven continuamente afectados
por la competencia, los impuestos, las regulaciones gubernamentales, el
incremento en los costos, la obsolescencia, etc.
Por otro lado la innovación ha dejado de ser un lujo para convertirse
en una auténtica necesidad para el desarrollo:
“. . . la innovación es el factor más importante en cualquier economía
moderna. Más de la mitad del crecimiento económico de los países desarrollados
se debe a este factor.”[2]
La globalización y la llegada de India y China al escenario económico
han cambiado para siempre las bases de la competencia. La Innovación es
la nueva arma del presente para asegurar crecimiento y prosperidad.
[1] Porter, Michael, "The Competitive Advantage of
Nations", Harvard Business Review, Marzo - Abril de 1990
[2] “The Economist” Septiembre 21 al 27 del 2002, Página 10 de Technology
Quarterly.
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